CON AMOR, SIMON ***


Integración, para lo bueno y para lo malo

El audiovisual adolescente está en época de denuncia social, madurez y empatía, ya sea comedia romántica, drama social o terror psicológico. Por 13 razones, Lady Bird, Call me by your name, Crudo, La llamada… Una fase, muy alejada de las salvajes y alocadas películas al rebufo de American Pie de los 2000, que se caracteriza por un tono más “adulto”, responsable e integrador. Una especie de reivindicación de la juventud como una forma de vida más pura, más solidaria. El romance de instituto es quizá lo que más ha sufrido este cambio, empezando por Ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012) hasta los repetitivos amoríos entre enfermos terminales como Bajo la misma estrella (Josh Boone, 2014). Siguiendo con la tendencia, en Con amor, Simon (Greg Berlanti) nos encontramos ante la primera comedia romántica adolescente protagonizada en solitario por un personaje homosexual.

Esto tiene su parte buena y su parte mala. Por un lado, la adaptación de la novela de Becky Albertalli trata el despertar sexual, los miedos interiores y los debates afectivos con un respeto y una delicadeza absolutas. Que Simon (Nick Robinson) sea homosexual no es impedimento para que cualquiera pueda sentirse identificado ante muchas de las situaciones ocurridas en pantalla. Sin embargo, esta integración también tiene su lado negativo, y es que Con amor, Simon termina cayendo en la pastelosidad festiva de todas las comedias románticas. Pero, ¿por qué no? Quizá haya quien piense que los gays también merecían películas comerciales hechas con el piloto automático. Eso también es normalidad, y aquí la tenemos. Algo es algo.


 

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