EN TRÁNSITO ***;


Resonancias del presente

Conociendo la sinopsis de la novela de Anna Seghers, uno podría extrañarse al comienzo de En tránsito. Se supone que la película va de un alemán exiliado de su país por el auge del nazismo que asume la identidad de un escritor muerto al llegar a Marsella, donde la mujer del fallecido le busca desesperada. Por eso es sorprendente que, en los primeros planos, veamos cómo pasan unas ambulancias totalmente actuales por las calles de la Marsella de 2018. Pero no ha pasado nada raro. No se han colado coches en los planos por error, como parecía pensar un asistente de la rueda de prensa de Christian Petzold. El director alemán es consciente de su decisión (faltaría menos), y tiene su explicación.

Las intentonas de Georg (Franz Rogowski) por salir de una Francia a punto de ser invadida, la persecución a la que se ve sometido, el exilio, la burocracia, el odio por su procedencia… Todo conlleva una resonancia, bastante evidente aunque no equiparable en violencia (todavía), con la crisis de refugiados y la falta de humanidad en Europa ante este hecho. Con insertos de una voz en off que sugiere que lo vemos es parte de un recuerdo (otra resonancia entre presente y pasado), Petzold sigue la corriente en el cine alemán de plantearse el auge de los neonacionalismos desde todos los frentes, construyendo personajes secundarios con pasados muy diferentes pero tan interesantes como el del protagonista: la mujer e hijo que pierden al padre, la colaboradora del régimen, la vergüenza que sienten ante su propia cobardía otros exiliados, el amor impulsivo por el que arriesgar la vida… Todos tienen una historia que contar, y además tienen la necesidad de contarla. De que alguien les escuche, les de la razón para afianzarse en sus decisiones o compartan su carga. La misma historia principal es el recuerdo contado a alguien por el propio protagonista.

Los personajes aparecen y desaparecen, no contactamos con ellos al principio ni al final de sus historias, tan solo durante un cachito de estas. Pero las historias permanecen.


 

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