#SITGES50 DÍA 8: PASIÓN Y OBSESIÓN

Hoy hemos ido un poco a la aventura, dejándonos guiar por las sinopsis del no siempre fiable programa de mano del festival.

Comenzamos el día con Errementari, el primer largometraje de Paul Urkijo. Bajo la producción de Alex De La Iglesia y Carolina Bang, el filme rodado íntegramente en euskera se traslada a la época posterior a las guerras carlistas para contarnos la fábula de un extraño herrero y su pacto con el Diablo. Estética de videoclip de heavy metal, amor por el maquillaje artesanal y una historia que recuerda a las marionetas y títeres infantiles del madrileño parque del Retiro. Folklore rural vasco contado con pulso y valentía por un director que habrá que tener en cuenta.

De ahí pasamos a los viajes temporales lowcost de Diego Hallivis en Curvature, que se presenta al principio como una película de ciencia ficción con presupuesto sobrio, suspense y grandes ideas (con esas rayadas espaciotemporales que tanto nos gusta a los fanáticos del género) pero sin renunciar al entretenimiento. Poco a poco va acelerando su ritmo hacía un thriller correctamente ejecutado, que no es menos de lo que le pedíamos.

“Una pareja decide pasar un fin de semana tranquilo acampando en el bosque, pero pronto se dan cuenta de que no están solos, hay algo que los acecha…” Más o menos esa es la premisa de Killing ground (Damien Power), y de mil títulos más. El argumento y los personajes tópicos se mezclan con un montaje paralelo bastante interesante y un planteamiento final que explora un elemento siempre presente (y poco explotado) en el terror: la cobardía. Que logre mantener nuestra atención, compitiendo con tanto filmes de planteamiento similar, es su principal argumento a favor.

Terminamos el día con la inclasificable Caniba, el nuevo documental de los creadores de Leviathan (2012), Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor. En 1981, Issei Sagawa fue detenido en París mientras trataba de deshacerse del cadáver de una de sus compañeras en la Sorbona, a la que había asesinado y devorado. Declarado mentalmente incapaz, regresó a Japón como un hombre libre y aún expresa su deseo de comer carne humana. A través de primerísimos planos que desenfocan la carne hasta convertirla en una masa deforme, Caniba pregunta y escucha a Sagawa 35 años después mientras indaga en su pasado, en su familia y en su presente. La cosa acabó en espantada general del respetable. Los que no se salieron de la sala durante el interminable plano estático del caníbal echándose la siesta, lo hicieron al no poder aguantar las escenas de pornografía y tortura extrema que vienen después. Pero los que permanecimos, o al menos algunos, terminamos fascinados con la propuesta, e incluso cantando en el karaoke (?!) final al ritmo de La Folie de The Stranglers. Lo más raro, lo peor y lo mejor de esta edición, todo en la misma película.

Mañana Kornél Mundruczó viene a recoger su premio Máquina del Tiempo y a presentar la abucheada en Cannes Jupiter´s Moon. También veremos el próximo bombazo de la Blumhouse, Feliz día de tu muerte.

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