REPARAR A LOS VIVOS (RÉPARER LES VIVANTS) ****

Un transplante de corazón y alma

Katell Quillévéré adapta la novela de Maylis de Kerangal sobre un adolescente que sufre un accidente de tráfico, quedando su cuerpo en muerte cerebral. La posibilidad de donar sus órganos y todo el proceso, tanto emocional como práctico, que ello conlleva será el eje central que sobrevuela la vida de unos personajes que se entrelazan entre sí.

Un tema peliagudo, el de la donación y transplante de órganos, que la directora de origen marfileño logra mostrar con elegancia y suavidad, evitando el drama innecesario y sin obligarnos a tomar partido, puesto que expone de manera detallada y lógica todas las opciones de cada personaje para que podamos entender cada posición. Desde la difícil decisión de unos padres destrozados hasta el necesario mal trago que supone para los médicos el tener que plantearla. Desde el miedo a someterse a una operación complicada a la preocupación porque no llegue a producirse tal intervención. Quillévéré disecciona, nunca mejor dicho, todo el engranaje necesario en una situación de estas características siendo metódica y dando todas las explicaciones técnicas necesarias, pero sobre todo abriéndonos una ventanita a las emociones, las inquietudes, las ilusiones y las preocupaciones personales de cada pieza humana que participa en ese engranaje.

La banda sonora de Alexandre Desplat (habitual nominado al Oscar en la última década, ganó uno por El Gran Hotel Budapest -Wes Anderson, 2014) evoca notablemente la delicadeza de todas estas intenciones, junto a una fotografía fría y sin grandes contrastes. Toda la película da una sensación de calma. La de una vida que se apaga lentamente, la de otra que está preparada para hacerlo y guarda un rayito de esperanza.

Fran Chico

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