SERIE: “EL FIN DE LA COMEDIA” (1ª y 2ª TEMPORADA)

La comedia ha muerto, viva la COMMEDIA

El fin de la comedia no se puede entender sin conocer a Ignatius Farray. Para el que no lo sitúe, empezamos a conocerle con sus apariciones esporádicas en La Hora Chanante, el programa de Paramount Comedy (Ahora Comedy Central), y en los monólogos de la misma cadena que, junto con el encorsetado Club de la comedia, pusieron de moda el stand up en España. Muchos le recuerdan como “el loco de las coles” haciendo los coros en la canción Hijo de puta, hay que decirlo más, pero su gran marca de identidad fue el “grito sordo“. Era el gesto que no podía faltar en ninguna actuación, el gesto que se comió a un personaje que se había comido a la persona. Mientras sus compañeros de LHC (Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López, Carlos Areces) triunfaban en televisiones, teatros y películas, Ignatius seguía un circuito más underground en sótanos de bares de Malasaña, donde comenzó a crear una legión silenciosa de seguidores mutantes hijos de puta.

En 2009 Miguel Esteban realizó el primer intento de dar visibilidad a este cómico punk y destroyer con un proto-Fin de la comedia: Todo el mundo quiere ser Ignatius Farray, y en 2010 llegaron 2 series clave para la evolución de esa idea: Louie, de Louis CK, presenta la vida de un cómico de stand up difuminando la línea entre realidad y ficción y sublimando ese humor amargo que surge desde la incomodidad. Por otro lado, en ¿Qué fue de Jorge Sanz? David Trueba y Jorge Sanz realizaban otro juego metacinematográfico con gran éxito.

Yo nunca sería un pederasta“. Con estas declaraciones (inventadas) de Juan Echanove, enunciadas por Ignatius Farray en un monólogo, empezaba en 2014 el primer episodio de la primera temporada de El fin de la comedia. Una serie que mezclaba a la persona y al personaje de Ignatius Farray confundiendo continuamente la ficción con la realidad. Presentaba el humor desde la incomodidad y el desconcierto, incluso a veces desde un drama que provoca la risa nerviosa, pero no lo buscaba constantemente. Por eso hacía gracia. Reflexionaba inteligentemente y con sinceridad aplastante sobre los temas más importantes de la vida a través de un personaje que lleva el patetismo por bandera. Miguel Esteban y Raúl Navarro jugaron con la imagen de Ignatius y la combinaron en pantalla con el día a día de Juan Ignacio. Elementos reales como su ex-pareja, la custodia de su hijo, los bolos en pueblos pequeños, el anuncio de los plátanos de Canarias, el fenómeno fan y las relaciones con compañeros de profesión (que se interpretaban a sí mismos, como Joaquín Reyes, Juanra Bonet, Javier Botet, Javier Cansado… etc.) eran manipulados y exagerados con el tino perfecto para que, por muy surrealista que fuese la situación, siempre pensáramos que hay una parte de verdad en lo que se nos cuenta.

La serie, como el cómico, comenzó un largo camino sin hacer ruido hasta conseguir un halo de culto que ninguna otra producción española ha podido igualar hasta la fecha. Los que estábamos cansados del humor televisivo de José Mota y Pablo Motos y de series españolas con capítulos de más de dos horas que cambiaban de actores y actrices cada dos por tres, vimos la luz. Y no fuimos los únicos. Ahora Ignatius es colaborador habitual de Andreu Buenafuente en Late Motiv y es uno de los responsables del programa de radio/youtube más exitoso y rompedor del panorama audiovisual: La Vida Moderna de la cadena SER. Un espacio que comenzó como una cita semanal de madrugada y que en la actualidad se emite de lunes a jueves en un formato más pensado para youtube que para las ondas, aglutinando, junto a David Broncano y Quequé, a esa legión silenciosa de mutantes hijos de puta de la que antes hablábamos que ahora es casi tan grande como forocoches. Del grito sordo se ha pasado al “fascismo del bueno”, al enaltecimiento de UPyD, a Mr. Chaman, al angry Juan Ignacio, al lametón de pezones de jovencitos confusos y a que en un programa tan cuñao como es Tiempo de Juego estén todo el rato gritando “Paaaadre, lo del fuera de juego. Le dice la hija al padre. Ay déjame, hija. Le dice el padre a la hija.”

Y claro, había que hacer una segunda temporada de El fin de la comedia con todo eso. Una segunda incursión que se aleja de la simple adaptación española de Louie para realizar un círculo metalingüístico tan loco como sus creadores, en el que todo parecido con la realidad es tan ficticio como la puta realidad. Buenafuente es un jefe cabrón (suponemos que de broma) que sirve para describir la miocardiopatía real de Ignatius. La Vida de la Modernidad es un programa de radio con Quequé y Broncano que ofende a canarios y raperos. Juan Cavestany es el director de una serie que Ignatius comienza a rodar sobre su vida llamada Ignatius Farray, y una actriz con dos Goyas como Natalia de Molina hace de su ex-mujer, provocando así el enfado de su ex-mujer, que en realidad es Rocío León interpretando a su ex-mujer en El fin de la comediaUna paradoja visual y argumental digna de Escher que vuelve a poner patas arriba la televisión española. Tanto es así que nadie la está viendo por televisión, sino por la plataforma online de Movistar+.

La serie definitiva de la posmodernidad televisiva española, del poshumor y de los posmutantes hijos de puta. La comedia ha muerto, viva la COMMEDIA.

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